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El cambio como "Desconocido"

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El cambio se produce al margen, de nuestros deseos. También se produce a diferencia de su complemento, lo constante - lo que no cambia -, que ganaríamos si todas las cosas cambiaron todo el rato, no existiría el universo tal como lo conocemos y no podríamos entender el mundo que nos rodea. Necesitamos que la constancia de las leyes físicas, químicas y naturales nos proporcione un telón de fondo para el cambio. También necesitamos cambios reguladores y psíquicos entre la naturaleza -como las estaciones- que nos sirvan de contexto para los cambios irregulares y no cíclicos del mundo humano. Como seres humanos de carne y hueso, cambiamos queramos o no. Nacemos crecemos, maduramos, envejecemos y morimos. Podemos participar en la forma de nuestro cambio bien eligiendo nuestra alimentación, aprendiendo cosas mejores o peores, haciendo que nuestras circunstancias sean mejores o peores, o adoptando principios mejores o peores para guiar la conducta de nuestras vidas. Pero no podemos cambiar la dirección del cambio en sí, que avanza inexorable como el tiempo y no puede ser anulado o invertido, aunque a veces podemos desviarlo, acelerarlo o frenarlo. Las cosas que permanecen inmutables e inmunes al tiempo existen en una dimensión externa a este: nuestro espíritu interior, nuestras grandes ideas, nuestra belleza intrínseca, nuestro amor verdadero, nuestro legado a los demás y, fuera de nosotros, las fuerzas que sostienen estas cosas y la dimensión de eternidad que las conserva. Los seres humanos buscan orientación filosófica cuando experimentan malestar como consecuencia del cambio: o bien las circunstancias están cambiando para peor, o ya han empeorado y no mejora. Quizá una relación o una carrera profesional está en crisis, un amigo o un miembro de la familia está enfermo; ha ocurrido un desastre natural o provocado por el hombre. O tal vez se enfrenta a un accidente, un divorcio, una quiebra, un sueño destrozado o alguna otra situación desagradable. Y, al final de cada vida, sin importar lo tranquila o turbulenta que ésta haya sido, lleva un cambio inevitable llamado muerte. Cuando se produce un cambio devastador, o cuando el cambio conlleva esta situación devastadora que no parece cambiar, quienes están atrapados en tales circunstancias pueden necesitar muchas clases de ayuda: médica, psicológica, teológica, social, jurídica, etcétera (por no mencionar el apoyo emocional de sus seres queridos) que en realidad habría mucho por escribir sobre el tema familiar, pues es crucial e importantísimo, la actitud de sus componentes, ya que suelen usar ante la magnitud de tal cambio la técnica utilizada por el avestruz, esconder la cabeza (Ojos que no ven corazón que no siente) la mas cobarde y la mas cómoda. Al final, sin embargo, es preciso entender las situaciones cambiantes (o inmutables) y entender que nacemos solos y hemos de morir solos y de este modo comprenderemos en profundidad a Nietzsche, al pronunciar la frase “Lo que no me mata, me hace mas fuerte” para recuperar la armonía o el equilibrio interior que el cambio perturba .A menudo La filosofía puede resultar muy útil para ella. Si bien las ideas solas no pueden modificar el cambio en sí, puede modificar muchísimo la forma en que se reaccionara al cambio. Las buenas ideas pueden contribuir a interpretar los cambios actuales desde una perspectiva más favorable. Así, no sólo mejoran las perspectivas del presente, sino que también se mejoran las futuras.

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